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lunes, 1 de enero de 2018

Ene. 1 /2018: Eucaristía: Solemnidad de María Madre de Dios


Eucaristía presidida por el Padre Pedro Justo Berrio
Solemnidad de María Madre de Dios
Lugar: Parroquia La Milagrosa
Medellín-Colombia

lunes, 27 de noviembre de 2017

Nov. 27 /2017: Eucaristía Fiestas Patronales

Fiestas Patronales 2017
Lugar: Parroquia La Milagrosa
Medellín-Colombia

Nov. 27 /2017: Especial Fiestas Patronales 2017

Eucaristía

Rosario y Adoración


Especial Fiestas Patronales 2017
Lugar: Parroquia La Milagrosa
Medellín-Colombia

jueves, 14 de mayo de 2015

Hágase...

"Como Jesús, aprendamos de María a acoger el proyecto de amor que Dios ha soñado para nosotros"…
Judith María

Homilía del Papa Juan Pablo II
Las palabras de María en la Anunciación, «he aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38), ponen de manifiesto una actitud característica de la religiosidad hebrea. Moisés, al comienzo de la antigua alianza, como respuesta a la llamada del Señor, se había declarado su siervo (Ex 4,10; 14,31). Al llegar la nueva alianza, también María responde a Dios con un acto de libre sumisión y de consciente abandono a su voluntad, manifestando plena disponibilidad a ser «la esclava del Señor» (Lc 1, 38). María, la «llena de gracia» (Lc 1, 28), al proclamarse «esclava del Señor», desea comprometerse a realizar personalmente de modo perfecto el servicio que Dios espera de todo su pueblo. Las palabras «he aquí la esclava del Señor» anuncian a Aquel que dirá de sí mismo: «el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos» (Mc 10,45; Mt 20,28).

Así, el Espíritu Santo realiza entre la Madre y el Hijo una armonía de disposiciones íntimas, que permitirá a María asumir plenamente su función materna con respecto a Jesús, acompañándolo en su misión de Siervo. 

También María, aun teniendo conciencia de la altísima dignidad que se le había concedido ante el anuncio del ángel, se declara de forma espontánea «esclava del Señor». En este compromiso de servicio, ella incluye también su propósito de servir al prójimo, como lo demuestra la relación que guardan el episodio de la Anunciación y el de la Visitación. Las palabras «hágase en mi según tu palabra» (Lc 1,38) manifiestan en María, que se declara esclava del Señor, una obediencia total a la voluntad de Dios.

El optativo «hágase», que usa San Lucas, no sólo expresa aceptación, sino también acogida convencida del proyecto divino, hecho propio con el compromiso de todos sus recursos personales. María, acogiendo plenamente la voluntad divina, anticipa y hace suya la actitud de Cristo que, según la carta a los Hebreos, al entrar en el mundo, dice: «sacrificio y oblación no quisiste; pero me has formado un cuerpo [...]. Entonces dije: ¡He aquí que vengo [...] a hacer, oh Dios, tu voluntad!» (Hb 10,5-7; Sal 40,7-9). Aunque en el momento de la Anunciación María no conoce aún el sacrificio que caracterizará la misión de Cristo, la profecía de Simeón le hará vislumbrar el trágico destino de su Hijo (Lc 2,34-35).

La Virgen se asociará a Él con íntima participación. Con su obediencia plena a la voluntad de Dios, María está dispuesta a vivir todo lo que el amor divino tiene previsto para su vida, hasta la «espada» que atravesará su alma.

miércoles, 13 de mayo de 2015

Mayo 13: Nuestra Señora de Fátima


Rocío de la mañana: Hermosa canción interpretada por Luisa y Roberto Huertas del Ministerio Musical "Immah" y dedicada a la Virgen María..


Mayo 13: Nuestra Señora del Rosario de Fátima

Tan importante como el lugar y el momento, era la situación a nivel mundial en 1917. Fue en este contexto en el que el Cielo nos regala el mensaje consolador y de esperanza de Fátima, una hermosa advocacion muy querida en el mundo entero… Conoce la historia: Leer más...




sábado, 24 de mayo de 2014

Historia de la advocación a María Auxiliadora

El primero que llamó a la Virgen María con el título de "Auxiliadora" fue San Juan Crisóstomo, en Constantinopla en al año 345, él dice: " Tú, María, eres auxilio potentísimo de Dios".

San Sabas en el año 532 narra que en oriente había una imagen de la Virgen que era llamada "Auxiliadora de los enfermos", porque junto a ella se obraban muchas curaciones.

San Juan Damasceno en el año 749 fue el primero en propagar la jaculatoria: "María Auxiliadora, rogad por nosotros". Y repite: la virgen es "auxiliadora para evitar males y peligros y auxiliadora para conseguir la salvación".

En Ucrania, Rusia, se celebra la fiesta de María Auxiliadora el 1 de octubre desde el año 1030, en ese año libró a la ciudad de la invasión de una terrible tribu de bárbaros paganos.

En el año 1572, el Papa San Pio quinto ordenó que en todo el mundo católico se rezara en las letanías la advocación " María Auxiliadora, rogad, por nosotros", porque en ese año Nuestra Señora libró prodigiosamente en la batalla de Lepanto a toda la cristiandad que venía a ser destruida por un ejército mahometano de 282 barcos y 88.000 soldados.

En el año 1600 los católicos del sur de Alemania hicieron una promesa a la Virgen de honrarla con el título de auxiliadora si los libraba de la invasión de los protestantes y hacía que se terminara la terrible guerra de los 30 años. La Madre de Dios les concedió ambos favores y pronto había ya más de 70 capillas con el título de María Auxiliadora de los cristianos.

En 1683 los católicos al obtener inmensa victoria en Viena contra los enemigos de la fe Cristiana, fundaron la asociación de María Auxiliadora, la cual existe hoy en más de 60 países.

En 1814, el Papa Pío VII, prisionero del general Napoleón, prometió a la Virgen que el día que llegara a Roma, en libertad, lo declararía fiesta de María Auxiliadora. Inesperadamente el pontífice quedó libre, y llegó a Roma el 24 de mayo. Desde entonces quedó declarado el 24 de mayo como día de María Auxiliadora.

En 1860 la Santísima Virgen se aparece a San Juan Bosco y le dice que quiere ser honrada con el título de "Auxiliadora", y le señala el sitio para que le construya en Turín, Italia, un templo.

Empezó la obra del templo con sus tres monedas de veinte centavos cada una, pero fueron tantos y tan grande los favores que María Auxiliadora empezó a obtener para sus devotos, que en sólo cuatro años estuvo terminada la Gran Basílica. El Santo solía decir: " Cada ladrillo de este templo corresponde a un milagro de la Santísima Virgen", desde aquel Santuario comienza a extenderse por el mundo la devoción a María bajo el título de Auxiliadora de los Cristianos.

El nombre de Auxiliadora se le daba ya en el año 1030 a la Virgen María, en Ucrania (Rusia), por haber liberado aquella región de la invasión de las tribus paganas. Desde entonces en Ucrania se celebra cada año la fiesta de María Auxiliadora el 1ro de octubre.

Se tiene constancia de que hacia el año 1558 ya figuraba en las letanías que se acostumbraban recitar en el santuario de Loreto Italia.

Esta advocación se hizo fuerte ante la invasión de los turcos en 1571 donde San Pío V la invocó como María Auxiliadota de los Cristianos o con los Príncipes Católicos de Alemania fieles al catolicismo frente a las tesis protestantes o frente a las invasiones turcas sobre Viena en el siglo XVII o, incluso, como mano protectora frente a los caprichos de Napoleón Bonaparte que llevo al Papa Pío VII al destierro, y a su liberación, quiso en 1814 instituir en el 24 de mayo su fiesta litúrgica.

Pero sin duda fue San Juan Bosco, el santo de María Auxiliadora, con el que esta advocación mariana encontró el mejor paladín y trampolín para el desarrollo y popularidad, "No he sido yo, ha sido la Virgen Auxiliadora quien te ha salvado"... "Cada ladrillo de esta iglesia - se refería a la gran Basílica que en su obsequio empezó el 1863 - es una gracia de la Virgen María"...

Pero será exactamente en 1862, en plena madurez de Don Bosco, cuando éste hace la opción mariana definitiva: Auxiliadora. "La Virgen quiere que la honremos con el título de Auxiliadora: los tiempos que corren son tan aciagos que tenemos necesidad de que la Virgen nos ayude a conservar y a defender la fe cristiana".

Desde esa fecha el título de Auxiliadora aparece en la vida de Don Bosco y en su obra como "central y sintetizador". La Auxiliadora es la visión propia que Don Bosco tiene de María. La lectura evangélica que hace de María, la experiencia de su propia vida y la de sus jóvenes salesianos, y su experiencia eclesial le hacer percibir a María como "Auxiliadora del Pueblo de Dios".

En 1863 Don Bosco comienza la construcción de la iglesia en Turín. Todo su capital era de cuarenta céntimos, y esa fue la primera paga que hizo al constructor. Cinco años más tarde, el 9 de junio de 1868, tuvo lugar la consagración del templo. Lo que sorprendió a Don Bosco primero y luego al mundo entero fue que María Auxiliadora se había construido su propia casa, para irradiar desde allí su patrocinio. Don Bosco llegará a decir: "No existe un ladrillo que no sea señal de alguna gracia".


Hoy, salesianos y salesianas, fieles al espíritu de sus fundadores  y a través de las diversas obras que llevan entre manos siguen proponiendo como ejemplo, amparo y estímulo en la evangelización de los pueblos el auxilio que viene de Santa María.

domingo, 13 de octubre de 2013

Octubre: Mes del Santo Rosario

Octubre es el Mes del Santo Rosario... He aquí un hermoso testimonio de Héctor Uriel Rodríguez Sánchez  y  la campaña “un millón de Rosarios por México”…  Una de las campañas de más impacto en internet…
Escúchalo... la oración del Santo Rosario mueve montañas y transforma vidas para Cristo…


“La relación con la Virgen María para mí ha sido difícil…. En un principio yo decía: “yo oro con Jesús”… pero algo le decía a mi conciencia “no dejes de hablar con María”… un día lo intenté… y un buen día, a fuerza de pedir acercarme a María, me llegó… Tal vez es porque uno necesita, dependiendo de lo que va haciendo,  más soportes arriba que aquí abajo… ” 
Héctor Uriel Rodríguez Sánchez  

Fuente: Sal y Luz del Mundo - EWTN


martes, 14 de mayo de 2013

La Esposa del Espíritu

María, “La Esposa del Espíritu”…

“La Esposa del Espíritu” ... Escucha esta hermosa canción interpretada por Luisa y Roberto Huertas del Ministerio Musical Immah… 




MARÍA SANTÍSIMA Y EL ESPÍRITU SANTO EN SAN FRANCISCO DE ASÍS

por Ilario Pyfferoen y Optato Van Asseldonk, o.f.m.cap.

En los últimos decenios se ha escrito mucho sobre el cristocentrismo/ teocentrismo del Poverello, pero no se ha prestado suficiente atención al lugar excepcional reservado a la Madre de toda bondad en la espiritualidad del Seráfico Padre, que en muchos aspectos fue determinante para el siglo XIII, mediante las tres Órdenes por él fundadas.

¿Debemos decir entonces que S. Francisco es un innovador en mariología? Respondemos con franqueza: «Sí y no»; no tememos decir: «En gran parte, no», porque tomó muchos elementos de la espiritualidad tradicional y del ambiente en que vivía; pero enseguida hay que rectificar esa afirmación con una respuesta positiva: «Sí», porque, además de los elementos con que se encontró y que asimiló convenientemente, añadió otros personalísimos suyos, bajo el influjo de su carisma propio, que todo lo informa y unifica.

Hay múltiples afinidades entre S. Francisco y los escritores espirituales que le precedieron, por ejemplo, S. Pedro Damiani, S. Bernardo y sus hijos, y no es éste el lugar para repetir lo que otros han dicho o escrito al respecto. Para demostrar cómo S. Francisco expresó de manera personal y propia la espiritualidad común, baste reproducir un texto. En la Regla no bulada, después de dar gracias a Dios por la creación, lo contempla en el misterio de la redención, y dice: «Padre santo y justo..., te damos gracias también [antes lo había hecho por la creación y ahora lo hace por la encarnación] porque, al igual que por tu Hijo nos creaste, así, por el santo amor con que nos amaste, quisiste que Él, verdadero Dios y verdadero hombre, naciera de la gloriosa siempre Virgen beatísima Santa María, y que nosotros, cautivos, fuéramos redimidos por su cruz y sangre y muerte» (1 R 23,3).

Al parecer, la expresión «María esposa del Espíritu Santo», que se encuentra en la Antífona del Oficio de la Pasión, es propia y específica de San Francisco, si bien hay que añadir de inmediato, en honor a la verdad, que la doctrina encerrada en esa expresión se encuentra ya en autores anteriores, incluso en los Santos Padres. Lo que parece propio de Francisco es, en cambio, el contexto trinitario que sirve de fondo temático a la afirmación del Poverello. A continuación analizaremos estas afirmaciones nuestras, para facilitar una interpretación y valoración exacta de su significado.

Para desarrollar ordenadamente la materia, estudiaremos en la primera parte del trabajo la devoción mariana de S. Francisco en su vida y en sus escritos, reservando para la segunda el título mariano por él festejado: «Esposa del Espíritu Santo».


I. ASPECTOS PRINCIPALES DE LA DEVOCIÓN DE FRANCISCO A MARÍA

1. Cristo en el contexto trinitario

La lectura crítica de los Escritos de Francisco nos revela cada vez más que el Poverello ve y vive de una manera muy expresiva a Jesucristo como Hijo del Padre en el Espíritu Santo. En los Escritos se comprueba, en primer lugar, que Francisco, cuando habla de Cristo, casi siempre lo llama Señor, Dominus, el título o nombre divino usado por el Santo más que ningún otro, más incluso que el de Dios. También se comprueba que el Señor Jesucristo, por cuanto me consta, es siempre y sin excepción visto y vivido como Dios-Hombre, es decir, en su unidad de Persona divina, como Hijo encarnado, Verbo del Padre. Francisco hace explícito este criterio vital en diversos aspectos de la vida evangélica concreta, pero siempre en relación directa con el Espíritu Santo.

En la primera Admonición afirma con pensamientos joánicos y paulinos que, siendo Dios (Padre, Hijo y Espíritu Santo) «Espíritu», sólo en el Espíritu es posible ver al Padre en el Hijo; el Espíritu (Santo) es el que da vida (divina). En el Espíritu los Apóstoles vieron en Cristo-hombre-histórico al Hijo del Padre, y en ese mismo Espíritu nosotros debemos ver y recibir en el Cuerpo y Sangre del Señor al verdadero Hijo de Dios-Padre.

En la Admonición 8, Francisco explica el texto paulino de 1 Cor 12,3: «Nadie puede decir: Jesús es el Señor, sino en el Espíritu Santo», en el sentido de que Él es el autor de todo bien. Además, para Francisco, las santas palabras o las palabras divinas escritas de la Biblia son «espíritu y vida» (Jn 6,63-64), por cuanto contienen el Espíritu que es el que vivifica y da vida. El Poverello sentía una gran predilección por esas palabras de Juan: «espíritu y vida», expresión que aplicaba también a los teólogos y a cuantos explican las palabras divinas, porque así nos administran espíritu y vida (cf. Test 13).

En la Admonición 7, comenta el texto de S. Pablo: «La letra mata, pero el espíritu vivifica»; la letra, sin el Espíritu vivificante, es letra muerta (2 Cor 3,6). En efecto, las palabras divinas son palabras del Verbo, del Padre y del Espíritu Santo, y como tales son espíritu y vida (cf. 2CtaF 3).

La unión íntima con la Santísima Trinidad, con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, es decir, la inhabitación trinitaria, es obra del Espíritu del Señor que se posa en nosotros haciéndonos hijos del Padre, esposas del Espíritu Santo, hermanos y madres de nuestro Señor Jesucristo (cf. 2CtaF 48-53). Esta inhabitación hace realidad en nosotros la oración de Jesús en la Última Cena: «Que todos sean uno como nosotros...» (Jn 17,11). El cap. 17 de san Juan es el texto evangélico más citado y vivido por Francisco. Tal vez por esto Francisco es todavía hoy el santo más ecuménico. En su Carta a los fieles, en línea con Jn 17, habla de nuestra santificación en la unidad (1CtaF 1,14-19; 2CtaF 56-60). Y en sus oraciones y cartas Francisco se siente siervo y ministro de todos los hombres y de toda la creación, por cuanto unido íntimamente al Señor en su misterio pascual total y universal como Dominus universitatis, Señor del Universo (CtaO 27).

Este Espíritu del Señor, o sea, del Padre y del Hijo, deseable sobre todas las cosas, es quien, según la Regla bulada, realiza en nosotros la oración con puro corazón, la humildad en las persecuciones, la paciencia en las enfermedades y también el amor a los enemigos; el Espíritu del Señor Jesucristo es el corazón de la vida evangélica concretizada en la Regla de los hermanos (cf. 2 R 10,8-10). Toda reforma o renovación de la Orden se inspira siempre en este texto central.

Aún pensando, no sin dolor, en la influencia del joaquinismo en la Orden, me parece igualmente probable que el mismo Francisco, tal vez sin pretenderlo, constituyó, con su vida y doctrina evangélica, «pneumatológica y mariana» -permítaseme la expresión-, una respuesta católica y apostólica al fascinante profeta escatológico del Espíritu Santo. Francisco, en efecto, fiel al Concilio Lateranense IV que había condenado a Joaquín de Fiore, vivió la unidad de la vida trinitaria en la creación, redención y salvación de la humanidad y del cosmos, inspirado como estaba por el único y por el mismo Espíritu de nuestro Señor Jesucristo. Este Espíritu del Señor fue enviado por el Padre mediante el Hijo, quien nació de una vez para siempre del Espíritu Santo y de la Virgen María hecha «Iglesia».

El Apóstol afirma que «el Señor (o sea, Cristo) es el Espíritu, y que donde está el Espíritu del Señor, allí está la libertad» (2 Cor 3,17). Se trata de la libertad que nos libera del espíritu de la carne y del mundo, afirma Francisco, para que, «por la caridad del Espíritu», nos sirvamos y obedezcamos unos a otros de buen grado, siguiendo las huellas de Cristo que se entregó espontáneamente a sus enemigos y perseguidores (cf. 1 R 5,13-17; Gál 5,13). En esta caridad del Espíritu precisamente, se practica la verdadera obediencia de nuestro Señor Jesucristo que da la vida por el Padre y por los hermanos; Francisco la llama obediencia caritativa o también obediencia del Espíritu, y nos hace siervos y súbditos de toda humana criatura, más aún, de toda criatura a secas, para que, en cuanto el Señor se lo permita, puedan hacer de nosotros lo que quieran (SalVir 14-18; Adm 3,6; 2CtaF 47-49; 1 R 16,6).


2. María en contexto trinitario

Francisco jamás separa a la Madre del Hijo, después de haberla visto en el Crucifijo de San Damián estrechamente unida a su hijo Jesús. Y, en efecto, Francisco la ve siempre en el contexto trinitario del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Los biógrafos del Poverello son unánimes en exaltar su fervorosa devoción mariana. Escuchemos al primero de ellos que, hacia el año 1245, escribe en el capítulo titulado: «Su devoción a nuestra Señora, a quien encomendó especialmente la Orden»: «Rodeaba de amor indecible a la Madre de Jesús, por haber hecho hermano nuestro al Señor de la majestad. Le tributaba peculiares alabanzas, le multiplicaba oraciones, le ofrecía afectos, tantos y tales como no puede expresar lengua humana» (2 Cel 198).

Pero es necesario remontarse a los primeros años de la vida nueva de Francisco. Después de su conversión (y tal vez incluso antes), frecuentaba él el santuario de Santa María de los Ángeles, y a raíz de los incidentes de Rivo Torto estableció allí su residencia (cf. 1 Cel 44; LP 56). Para Francisco, la Porciúncula con su santuario mariano era el centro y cabeza de la Orden que había fundado, y desde el principio encontró allí la encarnación viva de su devoción a la Madre de Dios.

Para penetrar en el misterio del amor de Francisco a la Virgen y en su vinculación con el santuario de Santa María de los Ángeles, hay que tomar en consideración un aspecto psicológico del Poverello, que explica su comportamiento tanto interno como externo.

Siendo de naturaleza sensible y empujándolo la gracia en aquella dirección, Francisco intuye el nexo sobrenatural entre el símbolo y su realidad, entre la metáfora y la cosa significada, con el resultado de que tanto en sus expresiones como también en su comportamiento «unifica» y hasta casi «identifica» lo que una mente ordinaria «distingue». Ya en la Sagrada Escritura encontramos casos semejantes, por ejemplo en san Pablo y en san Juan cuando hablan del espíritu: a veces el significado es ambivalente y puede significar sea la persona del Espíritu Santo, sea los dones del Espíritu Santo, sea simplemente el espíritu que en el alma se opone a la carne o al espíritu maligno. Más aún, el mismo Jesús habló en sentido «ambivalente», por ejemplo, cuando dijo a los judíos: «Destruid este templo y en tres días lo reconstruiré»; los judíos entendieron que hablaba del templo de Jerusalén, pero el evangelista explica que «Él hablaba del templo de su cuerpo» (Jn 2,19-21). Este método de combinar dos cosas diversas bajo una misma perspectiva estaba muy difundido en la Edad Media.

Eso mismo sucede en S. Francisco. Santa María de los Ángeles era para él no sólo la iglesita que había reparado y que tanto amaba, sino también la persona misma de María, que estaba presente en aquel santuario, rodeada de sus Ángeles. Además, en sus dos plegarias marianas llama a estos Ángeles «santas virtudes» o «virtudes de los cielos», término éste que también es ambivalente; en efecto, para Francisco, la palabra «virtudes» designa a los seres espirituales que llamamos ángeles; pero no sólo esto, porque, pasando del sentido personal al real, o más bien, contemplando en una misma perspectiva dos realidades sobrenaturales distintas, las «virtudes» significan para él tanto las virtudes «angélicas» como las virtudes «infundidas en los corazones de los fieles» (cf. SalVM 6; OfP Ant).
Fuente original: http://www.franciscanos.org/virgen/pyfferoen.html

lunes, 13 de mayo de 2013

Mayo: Mes de María..

He aquí un hermoso testimonio de Héctor Uriel Rodríguez Sánchez  y  la campaña “un millón de Rosarios por México”…  Una de las campañas de más impacto en internet…
Escúchalo... la oración del Santo Rosario mueve montañas y transforma vidas para Cristo…



“La relación con la Virgen María para mí ha sido difícil…. En un principio yo decía: “yo oro con Jesús”… pero algo le decía a mi conciencia “no dejes de hablar con María”… un día lo intenté… y un buen día, a fuerza de pedir acercarme a María, me llegó… Tal vez es porque uno necesita, dependiendo de lo que va haciendo,  más soportes arriba que aquí abajo… ” 
Héctor Uriel Rodríguez Sánchez  

Fuente: Sal y Luz del Mundo - EWTN


domingo, 12 de mayo de 2013

María… ¿Lo sabías?

María…  ¿Sabías que un día tu bebé caminaría sobre el agua?
María…  ¿Sabías que tu bebé salvaría a nuestros hijos e hijas?
¿Sabías que tu niño ha venido a hacer todas las cosas nuevas?...
Ese niño que tú diste a luz, pronto te traería a la Luz a tí…
María…  ¿Sabías que tu niño daría vista a un ciego?
María… ¿Sabías que tu niño calmaría la tormenta con su mano?
¿Sabías que tu niño ha caminado por donde ángeles pisaron?
Que cuando besas a tu pequeño bebé, estas besando el rostro de DIOS…
¡Oh María!, ¿Lo sabías?...
Los ciegos verán, los sordos oirán, 
los muertos vivirán otra vez, 
los paralíticos saltarán, 
los mudos cantarán las alabanzas.
María…  ¿Sabías que tu niño es el Señor de toda la creación?
María… ¿Sabías que tu niño un día gobernaría las Naciones?
¿Sabías que tu niño es el Cordero Perfecto del Cielo?
Que el niño dormido que sostienes en tu brazos, es el GRAN YO SOY…